H. G. Wells. Su ciencia, su ficción.

¿Estamos preparados para una invasión alienígena? ¿La invisibilidad está más cerca de lo pensado? ¿Si la humanidad no toma las medidas adecuadas nuestra ciencia podría salirse de control y errar el camino? Estas preguntas, hoy más actuales que nunca, ya fueron planteadas por el prolífico escritor hace más de cien años.

Este relato se inspiró en la terrible época que todavía vivimos debido a la pandemia del Covid-19. Sin duda han sido tiempos difíciles, pero gracias a la ciencia y tecnología varios de nosotros hemos podido continuar actividades desde casa.

De repente, enseñando desde el estudio de mi hogar, sin tener que salir a la jungla de cemento y su incesante tráfico, me di cuenta de que podía dirigir ese tiempo fuera de la carretera hacia uno de mis placeres favoritos: ¡La lectura!

 

H.G. Wells, visionario del futuro

 

Entre el sin fin de opciones, por supuesto decanté en el realismo mágico de Garcia Márquez y en la ciencia ficción. En este último genero volví hacia H.G. Wells y su fantástico “La guerra de los mundos”. Luego repasé algunas de sus clásicas historias y comprendí que realmente visualizó el futuro, dejando importantes lecciones que aún no comprendemos del todo y que si no se toman en cuenta nuestro horizonte podría ser aún más apremiante que el actual.

Mientras que Julio Verne era un optimista sin remedio, Herbert George Wells se enfrascaba en la relación conflictiva entre el desarrollo científico-tecnológico, en conjunto con sus posibles y controvertidas aplicaciones, por parte de una egoísta humanidad. Una de sus grandes ideas sigue siendo muy valiosa incluso hoy: “… el progreso de la humanidad pasa por la necesidad de erradicar la pobreza e incrementar la cultura.”

El entorno de la época de Wells muestra la invención del increible cinematógrafo, una máquina que permitía filmar y grabar imágenes en movimiento que luego podían ser proyectadas como películas. Fue el invento que abrió paso al séptimo arte: el cine. El mundo del transporte personal también fue revolucionado en la época, pues en 1887 se inventó el neumático con cámara de aire y poco después el neumático desmontable que abrió espacio al mundo de la industria y a la forma de movilización de las personas en una bicicleta muy parecida a la actual (ya tenía frenos, llantas con cámara de aire y una cadena con conexión hacia la llanta trasera); en este ambiente de nuevas ideas fue donde bulleron las imágenes cerebrales que concibieron sus espléndidas obras.

En la difícil vida de la Inglaterra victoriana, H.G Wells solo pudo estudiar hasta los trece años, pues debió retirarse para poder ayudar a su familia de clase media baja. Durante toda su vida intelectual la ciencia fue la fuerza impulsora de su inspiración, a tal punto que durante los tres duros años de trabajo, colaborando con las finanzas de la familia, se esforzó por conseguir una beca para proseguir sus estudios. De esta manera, logró estudiar biología en el Normal School of Science de Londres, vislumbrando un horizonte como profesor de biología. Pero el destino le prepararía una dura prueba que lo hizo cambiar de idea. Después de contraer tuberculosis Wells finalmente se decantó por la literatura, profesión en la que ya había pensado años antes cuando de niño una ruptura de pierna lo dejo inmovilizado, adquiriendo el hábito por la lectura y la posible escritura.

Empecemos con su obra de 1897: “El hombre invisible”. En esta novela Herbert Wells explora la naturaleza y sicología humana basándose en la pregunta: ¿Qué harías si fueras invisible? Te concedo unos segundos, querido lector para que evalúes tu respuesta…

En el libro, Herbert retrata a un individuo inescrupuloso que utiliza la invisibilidad para sus propios y egoístas propósitos; en un aparte de la obra exclama: “empezaban a rondarme por la cabeza todas las cosas maravillosas que podía realizar con absoluta impunidad”. Surge la pregunta: Si liberamos al hombre de las convicciones sociales, ¿qué podemos esperar? Incluso se puede analizar si el protagonista “pierde su humanidad” al no ser visto y pasar desapercibido. Es interesante anotar que, a pesar de su increíble invisibilidad, el cuerpo del protagonista de la novela aun reacciona ante situaciones básicas como el frio, la sed o el hambre, lo cual genera importantes limitaciones que no se pensaron claramente al momento de crear la posibilidad de hacerse invisible; este sentimiento se potencia con el creciente horror de sentirse en absoluta soledad y anonimato.

 

Poster: The Invisible Man. Año 1933.

 

La ciencia de la invisibilidad

 

Hoy se conoce que la inspiración viva de Wells fueron las medusas, criaturas que pueden mimetizarse totalmente en el agua. La explicación de este tipo de mimetismo biológico se debe al índice de refracción. La refracción es el cambio de dirección que sufre una onda, en este caso la luz, cuando, incidiendo oblicuamente, pasa de un medio de propagación a otro. El fenómeno implica un cambio en la velocidad de la luz entre los dos medios y un cambio en la dirección de propagación del rayo. Estos cambios nos permiten, por ejemplo, ver un objeto de vidrio dentro de otro objeto de vidrio pues la luz está atravesando alternativamente dos medios: aire-vidrio-aire-vidrio-aire… Es sabido que cuando el índice de refracción de un objeto coincide, o es muy cercano, con el del medio en el cual se encuentra, este se hace invisible. Así por ejemplo el índice de refracción de la glicerina es 1,47; muy parecido al del vidrio (1,50 para la mayoría de los vidrios de uso común). De tal manera que, si colocamos un objeto de vidrio dentro de otro recipiente también de vidrio y lo llenamos con glicerina, el objeto del interior es muy difícil de distinguir. Es prácticamente invisible, debido que la luz atraviesa los dos medios (vidrio y glicerina) casi a la misma velocidad y sin desviarse apreciablemente.

Otro efecto para tomar en cuenta en el caso de la invisibilidad determina que un objeto se hace invisible cuando los rayos de luz no chocan (no rebotan) con dicho objeto. En este contexto, si pudiéramos construir un material que permita el paso de los rayos luminosos sin “percibir” el objeto cubierto por tal material, tendríamos un medio para la invisibilidad. Actualmente este material ya existe. Se denomina metamaterial y permite “hacer invisibles” a objetos muy pequeños cuando son intervenidos con radiación del tipo microondas. Sin embargo, para que un objeto se haga invisible bajo las condiciones en las cuales vivimos normalmente, debe serlo hacia la luz visible; para que esto sea posible se necesita un metamaterial cuyos componentes tengan un tamaño inferior a los 300 nanómetros. En este caso, la luz en lugar de refractarse rodeará al objeto, como si fuera una piedra en el lecho de un rio, volviendo invisible al objeto cubierto por el metamaterial. Las limitaciones todavía son muchas, pero la capa de invisibilidad de Harry Potter, o la inspiración de Wells, acerca de este fenómeno podría no estar tan lejos de la realidad.

En su época en la escuela de ciencias, el joven Wells participó en la sociedad de debate de la institución y fue uno de los fundadores y escritores en la revista escolar The Science School Journal, en donde expuso sus duros puntos de vista acerca de la literatura y su influencia en la sociedad. Wells creía firmemente que la educación era el arma principal para la transformación del mundo. Mucho tiempo después, estoy convencido que esta es la solución hacia la mayoría de nuestros problemas.

 

La biología en la obra de Wells

 

Un año antes del hombre invisible, en 1896, Wells probablemente inspirado por sus estudios en biología, escribió su también famosa novela: “La isla del doctor Moreau”. En esta obra se indaga el mundo de la evolución manipulada por la mente pervertida de un científico que explora la creación de “nuevas especies” de animales no humanos que presentan conciencia, léase inteligencia, similar a la nuestra. Aquí nuevamente se puede mirar la disyuntiva de un “estudioso” que supera la barrera de lo permitido, todo con el fin de demostrar la supuesta utilidad de un desarrollo científico. En la época de Wells, es bien conocido que se realizaban procedimientos de vivisección (operaciones en animales estando aun conscientes), e incluso se llegó a investigar la posibilidad de la vida, una vez un cuerpo fuera separado de su cabeza y después de un tiempo repuesta en su lugar. Estos monstruosos experimentos muestran la falta de límites en la experimentación del siglo XIX, lo cual preocupaba sobremanera a Wells, pues vislumbraba que si continuábamos por ese camino nuestro futuro sería sombrío.

Estas “mezclas exóticas” ya fueron imaginadas por los antiguos griegos. Ellos las denominaron quimeras, que significa “animal fabuloso”. La más conocida es probablemente la esfinge, una criatura mítica con cuerpo de león, alas de ave y rostro de mujer; sin embargo, la descripción inicial variaba desde la que tenía el cuerpo de una cabra, la cola de una serpiente o un dragón y la cabeza de león, hasta monstruos híbridos con 3 o 4 cabezas, una de las cuales escupía fuego. Así parezca increíble, actualmente las quimeras ya existen. Por supuesto no se trata de las míticas criaturas, pero si de una criatura que, siendo netamente un animal de granja (por ejemplo: una oveja), presenta varias de sus células humanas. En una situación similar apenas en enero del 2022 ya se realizó el trasplante de un corazón genéticamente modificado, proveniente de un cerdo, hacia un individuo humano. La pregunta evidentemente es: ¿Por qué hacemos esto? La respuesta tiene que ver con uno de los mayores problemas médicos que todavía subsisten a pesar de los avances que tenemos. Y es que los órganos humanos son de muy difícil acceso, pues no todos pensamos seriamente en la donación. Por otro lado, la posibilidad de rechazo es importante. Si hacia futuro logramos tener órganos de otros animales con un contenido importante de células humanas (estamos creando quimeras) resolvemos los dos problemas. La posibilidad de crear órganos perfectamente compatibles sería algo realmente revolucionario. Ampliando el razonamiento, la cuestión es: si tenemos la posibilidad de hacer algo, ¿deberíamos hacerlo? La posición de Wells al respecto de nuestros avances científicos y los límites que debemos mantener sigue estando vigente.

 

Viajes en el tiempo, rayos caloríficos, invasiones…

 

La visión de Wells también se encargó de los viajes en el tiempo. El relato viene de una apuesta previa para la publicación de un ensayo científico en el cual se postulaba acerca de una cuarta dimensión (el tiempo). Herbert estaba 14 años adelantado, tendría que aparecer Albert Einstein para que el mundo de la ciencia pueda interpretar estos conceptos con la teoría de la relatividad. Sin embargo su ánimo no decae, y transforma su ensayo en ciencia ficción, dando origen a la novela: “la máquina del tiempo”. Esta narración corresponde a su primera novela realmente cargada de fama; en ella se muestra un oscuro pasaje para el viajero temporal, que llega a un futuro en donde la raza humana, después de miles de años, increíblemente se ha dividido en dos especies completamente diferentes.

Una de ellas, unas extrañas criaturas llamadas “eloi” viven la que pareciera ser una vida paradisíaca. Otros seres llamados “morlocks”, viven bajo tierra. Con el paso del tiempo el viajero descubre que los morlocks raptan por la noche a los eloi para comérselos. Luego comprende, con horror, que los eloi y los morlocks son razas descendientes de los antiguos humanos. Esta novela con futuro distópico podría retratar la vida victoriana de la época de Wells; se puede mirar como una crítica hacia la lucha y división de clases, y a los sistemas comunista y capitalista. Actualmente las ideas científicas acerca de los viajes en el tiempo (hacia el futuro) contemplan atravesar un agujero de gusano, viajar muy cerca de la velocidad de la luz u orbitar un agujero negro sin caer hacia el interior. Si quieres leer más sobre el viaje en el tiempo mira aquí: Regreso al futuro

Con todo, la que se considera su obra maestra en ciencia ficción, es sin duda «La guerra de los mundos», escrita en 1898. La historia cuenta que Wells fue en bicicleta hacia una campiña y mientras imaginaba creativas formas de terminar con la humanidad, marcaba los lugares en donde ocurriría la invasión de unos seres alienígenas de estatura pequeña, con grandes cabezas y varios tentáculos que les permitían desplazarse. En adición estas criaturas eran carentes de toda emoción o sentimientos. Para escribir su obra Wells tomó como base la afirmación de un astrónomo italiano, Giovanni Virginio Schiaparelli, quien aseguraba haber mirado “canali” en Marte. Esta palabra, que tuvo una traducción incorrecta al inglés, (canals en lugar de channels) sugería estructuras de construcción artificial, lo cual originó una serie de suposiciones (hoy incorrectas) acerca de la vida en Marte. No obstante, la idea inicial no partió de Herbert. En una reunión familiar, su hermano mayor, Frank, realizando un símil con la brutal colonización británica hacia otros pueblos, sugirió que la humanidad estaría en serio peligro si otra “civilización” decidiera venir a conquistarnos.

En la obra es interesante el papel destructivo de los rayos caloríficos, que parten desde una fuente provista por una lente giratoria continua, generando una masacre indiscriminada. Aquellos rayos son muy similares a la actual tecnología láser, en donde un tipo de radiación con frecuencia específica se intensifica notablemente. Hoy la tecnología láser de baja intensidad se encuentra ampliamente extendida ya sea en reproductores de sonido o video hasta aplicaciones médicas e industriales. Los láseres de tipo militar ya existen, pero su aplicación como arma no es tan importante (¿todavía?) como instrumento de guerra. Siendo que en la novela los marcianos mueren debido a causas biológicas, bacterias terrestres, el trasfondo sugiere que no necesariamente el poseer la mejor tecnología nos hace mejores o invencibles. Probablemente el depender totalmente de las máquinas podría ser nuestro talón de Aquiles futuro. Con respecto a la inteligencia extraterrestre, mucha agua ha corrido bajo el puente. No obstante, la idea prevaleciente al momento es que, de existir, se encontraría tan lejos en el universo, que pensar en un encuentro es altamente improbable.

Para terminar este razonamiento debo nombrar la fantástica obra de principios del siglo XX: “El mundo se liberta” (también traducida como “El mundo liberado”) en la cual Herbert razona acerca del colapso de la humanidad, generada por el ansia de poder (¿suena conocido?), después de la guerra nuclear. Es fascinante darse cuenta de que el autor prácticamente pudo “mirar el futuro” al conceptualizar las modernas armas nucleares antes que la segunda guerra mundial tuviera curso. La narración toma como base la publicación: “La interpretación del radio”, escrita por el deslumbrante químico inglés Frederick Soddy, quien plantea los principios básicos acerca de radicales ideas como la radiactividad y la energía nuclear. Wells incluso se atreve a darle nombre al elemento químico causante de la destrucción, denominándolo “Carolinum”. A mi entender, lo más destacable es que Herbert nos deja una lección de esperanza al plasmar que la salida hacia nuestros problemas definitivamente está en la ciencia. En su relato, la humanidad finalmente se despoja de banalidades y egoísmos, acogiendo al conocimiento científico como la herramienta fundamental para el desarrollo.

¿Cuánto avanzará el ser humano con la ciencia del futuro? y lo más importante ¿qué hará con esos avances? Solo el paso del tiempo y la adecuada conciencia (en otro caso nos autoextinguiremos) marcarán el rumbo de la humanidad.

Alexis Hidrobo P.

 

Para conocer más:

  • Michio Kaku, Física de lo imposible. Editorial Random House Mondadori. S.A. Bogotá. 2010.
  • Juan Scaliter. La ciencia de los Superhéroes. Ediciones Robinbook. Barcelona. 2011.
  • Sergio, L. Palacios. La guerra de dos mundos. Ediciones Robinbook. Barcelona. 2008.
  • https://historia.nationalgeographic.com.es/a/h-g-wells-genio-ciencia-ficcion_14699
  • H. G. Wells. La guerra de los mundos. Libros del zorro rojo. España. 2019
  • H. G. Wells. La máquina del tiempo. Grupo Editorial Norma. Bogotá 1993.
  • H. G. Wells. El hombre invisible. Libros del zorro rojo. Buenos Aires. 2018
  • H. G. Wells. La isla del doctor Moreau. Editorial Lectorum. México 2019
  • H. G. Wells. El mundo se liberta. Descargado de: https://books.google.com.ec/books/about/El_mundo_se_liberta.html?id=vQeFnQEACAAJ&redir_esc=y
 

1 Comment
  • Sonia
    Publicado el 22:21h, 07 junio Responder

    Me ha encantado Alexis. Soy muy fan de Wells🥰

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