Humanos y hormigas, ¿quién es mejor?
Hace unas cuantas semanas se fue viralizando un vídeo en el que humanos y hormigas arrastraban una suerte de T a través de una arena rectangular dividida en tres cámaras conectadas por dos rendijas estrechas. La carga debía pasar desde la primera cámara hasta la tercera. A este problema se le llama el Rompecabezas del movedor de piano, que es un problema clásico de planificación de movimiento en robótica y geometría computacional, donde un piano debe moverse por un espacio lleno de obstáculos.
Aquí puedes ver el vídeo, cortesía del Instituto de Ciencias Weizmann a través de El Mundo, parte del estudio de Dreyer y colegas (2025).
Seguramente te hayas preguntado al ver el vídeo si realmente los humanos somos igual de listos que las hormigas o, al menos, si nuestras capacidades están al mismo nivel.
Bueno, tengo una buena noticia y otra mala: todavía somos más inteligentes que una hormiga. Y la mala: cuando se dan las circunstancias adecuadas, podemos ser excepcionalmente borricos.
A estas alturas, lo más probable es que tampoco te sorprenda que en grupo podemos ser, digámoslo de forma suave, no muy inteligentes.
Anwarzai y sus colegas (2026) nos proponen que categoricemos la inteligencia según su espectro en el llamado procesamiento colectivo de información (CIP por sus siglas en inglés). Según su clasificación, nos encontraríamos cuatro categorías dependiendo de:
1. El procesamiento individual que hace cada individuo sobre la información que tiene que ver con otros (Individual processing of group information)
2 El procesamiento de cómo está organizada la interacción entre los individuos del grupo y cómo se distribuye la información (Group processing of individual information)
Así, nos encontraríamos con estas inteligencias según el espectro del CIP que nos proponen los autores:

Llegados a este punto, es probable que no te hayan contado que las personas que se ven en el vídeo no podían comunicarse. Esto, lejos de mejorar la percepción de los humanos, debería hacerte pensar que, en igualdad de condiciones, somos inquietantemente igual de efectivos que estos insectos.
Cuando los humanos se vieron limitados a no comunicarse de ninguna manera, empezó a manifestarse el fenómeno del comportamiento codicioso (Greedy), es decir, la que mejor parece de manera inmediata. Y en combinación con esta, también se produjo el pensamiento de grupo (Groupthinking), o sea, priorizar la armonía interna y el consenso rápido por encima de la evaluación crítica. Vamos, que unos pocos individuos, los que estaban en posiciones de tirar primero o con más fuerza, decidían el movimiento inicial y por un efecto dominó, el resto del grupo, al sentir el tirón (fuerza háptica), asumía que alguien sabía lo que hacía y simplemente se alineaba con esa fuerza para evitar conflictos.
Las hormigas, en cambio, empezaron a tirar todas en la misma dirección (pensaban que era comida para llevar al nido) y, si la carga chocaba con una pared, la dirección de las fuerzas no cambiaba bruscamente, de modo que seguía moviéndose a lo largo del borde en prácticamente la misma dirección que tenía antes del choque, creando una memoria a corto plazo puramente mecánica.
Asimismo, cada hormiga se enganchaba a la carga y tira hacia el nido (en ese momento está informada), pero transcurridos unos segundos pasa a ser una seguidora hasta que, finalmente, se desengancha y puede volver a reengancharse en otro punto. Cuando se acumulan suficientes cambios locales, como nuevas hormigas que tiran en otra dirección u otras que se sueltan, la alineación cambia y el grupo adopta una nueva dirección coherente, lo que facilita una exploración sistemática del contorno hasta encontrar la rendija.
De esta forma, según la categorización de Anwarzai y colegas (2026), los humanos seguían un tipo de inteligencia estructural: es decir, el que tiene más fuerza o el que está en posición ventajosa es el que dirige el grupo, lo que no necesariamente resulta en la mejor opción. Y, en cambio, las hormigas habrían seguido una inteligencia sinérgica, a pesar de que el procesamiento individual no es muy alto, está bastante bien definido para lo que es ser una hormiga y su comportamiento individual resulta bastante afinado en relación con las otras.
Así, las hormigas tienden a comportarse mejor cuanto más individuos haya y así mejoran su inteligencia sinérgica, mientras que los humanos, cuando se juntan, tienden a comportarse peor. Da igual en qué año leas esto, probablemente se te ocurren muchos ejemplos de actualidad.
La diferencia fundamental es que si podemos alinear humanos, hacer que hablen y que fluya su conocimiento de uno a otro para que, finalmente, podamos establecer que, si usamos también la inteligencia sinérgica, la forma más alta de inteligencia colectiva, lo más probable es que seamos mejor que unas cuantas hormigas. Faltaría diseñar muy bien para qué vamos a querer trabajar colectivamente..
Bibliografía
Anwarzai, Z., Moser, C., Dromiack, H., Garg, K., & Ramos‑Fernandez, G. (2026). Collective intelligence as collective information processing. Cognition, 270, 106433. https://doi.org/10.1016/j.cognition.2025.106433
Dreyer, T., Haluts, A., Korman, A., Gov, N., Fonio, E., & Feinerman, O. (2025). Comparing cooperative geometric puzzle solving in ants versus humans. Proceedings of the National Academy of Sciences, 122(1), e2414274121. https://doi.org/10.1073/pnas.2414274121
Foto de portada Marco Neri en Unsplash

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