Reseñas HdC: La constante de Hubble

La constante de Hubble

Autor: Jim Baggott

Editorial: Pinolia

Año: 2026

Páginas: 320

ISBN: 979-13-88075-09-4

Precio: 26,95 €

SINOPSIS

¿Cómo sabemos que el universo se expande y por qué, casi un siglo después, seguimos sin ponernos de acuerdo sobre la velocidad de esa expansión? La constante de Hubble se ha convertido en una de las claves para comprender el cosmos y, al mismo tiempo, en uno de sus mayores enigmas.
Jim Baggott reconstruye este recorrido con precisión y claridad, mostrando cómo el conocimiento científico avanza entre hipótesis, correcciones y desacuerdos. Una historia que revela que incluso las ideas más sólidas pueden tambalearse cuando el universo no encaja en nuestros cálculos.

 

RESEÑA

 

Hace casi un siglo, en 1927, el astrónomo y sacerdote belga Georges Lemaître propuso que el universo no era estático, sino que estaba en expansión. Poco después, Edwin Hubble confirmó desde el observatorio del Monte Wilson que las galaxias se alejan unas de otras, sentando las bases de la cosmología moderna. Desde entonces, uno sus objetivos fundamentales ha sido medir esa expansión, una tarea imprescindible para determinar la edad, el tamaño y la evolución del universo. La llamada constante de Hubble es el parámetro que cuantifica la tasa de esa expansión. Establece que, cuanto más lejos se encuentra una galaxia, más rápido se aleja de nosotros.

Sin embargo, alcanzar un valor de consenso para esta constante ha resultado mucho más complicado de lo previsto. Lejos de resolverse, el problema se ha intensificado en las últimas décadas, cuando distintos métodos de medición han comenzado a ofrecer resultados incompatibles entre sí. Esto es lo que hoy se conoce como la tensión de Hubble, uno de los mayores dilemas de la cosmología contemporánea.

La constante de Hubble, el último libro de Jim Baggott publicado por Pinolia, recorre la fascinante historia de la medición de este parámetro esencial. Un periplo que abarca algunos de los momentos más decisivos de la cosmología reciente: el desarrollo del modelo del Big Bang, la irrupción de nuevas técnicas de observación, los encendidos desacuerdos entre equipos de investigación y el descubrimiento de fenómenos inesperados que han obligado a revisar las teorías establecidas. 

 

Sobre el autor

Jim Baggott (Inglaterra, 1957) es licenciado y doctorado en Química por la Universidad de Oxford. Trabajó como investigador posdoctoral en Oxford y en la Universidad de Stanford (California). Ha sido profesor de Química en la Universidad de Reading. Mantiene un amplio interés por la ciencia, la filosofía y la historia, materias sobre las que escribe. Ha recibido la Medalla Marlow de la Royal Society of Chemistry y el premio Glaxo para escritores científicos. Autor de numerosos artículos de divulgación publicados en la prensa británica y en la revista New Scientist, y ha colaborado en programas de radio en el Reino Unido y Estados Unidos.

 

Sobre el libro

Henrietta Swan LeavittLa constante de Hubble traza la historia completa de la astronomía observacional, la astrofísica y la cosmología física en los últimos 125 años. Todo comenzó a finales del siglo XIX en el Observatorio del Harvard College. Allí, Henrietta Swan Leavitt descubrió la relación entre el brillo y el periodo de las estrellas variables, una herramienta clave para medir distancias cósmicas. Poco después, el diagrama de Hertzsprung-Russell ayudó a comprender la evolución estelar. Y, a principios del siglo XX, el universo conocido se amplió vertiginosamente: esas tenues nebulosas resultaron ser galaxias situadas a millones de años luz, desafiando la imagen de un cosmos estático. El propio Albert Einstein, convencido de la inmutabilidad del universo, introdujo en sus ecuaciones un término repulsivo que luego calificaría como su «mayor error». Pero físicos como Aleksadr Friedmann y Georges Lemaître propusieron soluciones con un universo en expansión, y los datos de Hubble acabaron por confirmarlo.

Si el universo se expande, ¿qué ocurre cuando rebobinamos el tiempo hacia atrás? Lemaître imaginó un «átomo primigenio», germen de lo que luego se llamaría Big Bang. La nucleosíntesis estelar explicó la formación de los elementos, y en 1948 Alpher, Bethe y Gamow predijeron la radiación de fondo cósmico. Su descubrimiento en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson inclinó la balanza de forma definitiva hacia el Big Bang frente al modelo del estado estacionario. Mientras tanto, los astrónomos no dejaron de refinar la escalera de distancias cósmicas para mejorar el valor de la constante de Hubble, aunque durante décadas los desacuerdos sobre su calibración —las «guerras de Hubble»— sembraron la discordia. Paralelamente, la evidencia de la materia oscura en la década de 1970 y, más tarde, el descubrimiento de la energía oscura en 1998 —esa fuerza misteriosa que acelera la expansión— obligaron a reescribir el modelo del cosmos.

Anisotropías de la radiación de fondo de microondas captadas en 2010 por el satélite WMAP El libro también recorre la inflación cósmica, propuesta por Alan Guth en 1981 para explicar la homogeneidad del universo, y el consenso que consolidó el modelo Λ-CDM gracias a misiones como COBE, WMAP y Planck. Según este modelo, la materia bariónica visible supone apenas un 4,9 % de la masa-energía total; la materia oscura, el 26,1 %; y la energía oscura, el 69 % restante. Pero Planck acrecentó una paradoja: las predicciones de la constante de Hubble derivadas del universo temprano y las mediciones del universo tardío no coinciden. La divergencia es pequeña pero significativa, y resolverla es hoy una de las prioridades de la cosmología.

Sin duda, se trata de una lectura refrescante y amena que pone de manifiesto que el avance del conocimiento científico no es lineal, sino que avanza y retrocede hasta que logra consolidarse. Baggott, reconocido autor de divulgación científica, estructura su relato en diez capítulos acompañados de apéndices, notas extensas y una jugosa bibliografía en inglés. El texto es claro y accesible, aunque sin renunciar a la rigurosidad, y consigue transmitir la emoción de una disciplina en plena ebullición. Como el propio autor advierte en el epílogo, hay trabajo por delante: resolver las discrepancias en las mediciones de la escalera de distancias, afinar los datos con telescopios como el JWST o DESI, y descubrir si la tensión de Hubble es motivo real de preocupación o una señal de que falta algo fundamental en nuestra comprensión del universo.

 

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