Bacterias, antibióticos y resistencia

Marisol Benítez Cantos

El 18 de noviembre fue el día europeo del uso prudente de los antibióticos. Seguro que has oído hablar de las bacterias resistentes a los antibióticos, pero, ¿por qué se han hecho resistentes? ¿Es necesario controlar el uso de estos medicamentos? Te lo explicamos en 2 minutos.

Si te gusta el vídeo puedes votarlo en el concurso «Cuéntaselo a tus padres» organizado por la SEBBM (Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular) pinchando aquí

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Los antibióticos son fármacos que distinguen perfectamente entre una bacteria y nuestras propias células, atacando sólo a las primeras. Su descubrimiento fue todo un boom en la medicina, ya que supuso la esperada cura de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis, la lepra y la peste bubónica. En la II Guerra Mundial fueron de vital importancia, evitando la muerte de muchas personas por heridas infectadas.

Sin embargo, muchos de ellos están perdiendo eficacia desde hace varios años. Y no es que los antibióticos empeoren, sino que las bacterias mejoran para inmunizarse ante ellos. Las bacterias son seres vivos, y como cualquier ser vivo, están sometidas a una selección -natural o artificial- por las condiciones del medio.

Una mutación al azar en su ADN puede o no conferirle características nuevas, y éstas pueden aportarle algún beneficio a la bacteria o todo lo contrario: provocar su muerte. El encargado de determinar si una característica nueva es buena o mala para la bacteria es el medio en el que habita. Si una población bacteriana sufre un aumento de temperatura, un mutante sensible al calor morirá, mientras que un mutante que sea capaz de soportar altas temperaturas, podrá sobrevivir y reproducirse, de modo que a la larga todas las bacterias vivas en ese medio serán mutantes resistentes al calor. Lo mismo ocurre con los antibióticos.

El concepto es muy sencillo: en un medio donde haya antibióticos constantemente, las bacterias no resistentes morirán y las resistentes seguirán vivas y podrán perpetuar sus genes en la progenie.

Y ese medio rico en antibióticos puede ser un hospital, pero también puede ser tu intestino cuando no respetas las indicaciones del médico y alargas tu tratamiento con antibióticos una semanita más o cuando decides automedicarte con un antibiótico para exterminar al virus de la gripe (¡Error!). Nuestro intestino es el hogar de millones de bacterias, unas beneficiosas y otras no tanto. Un uso excesivo de estos fármacos puede desembocar en una infección de bacterias resistentes a nuestras principales armas.

¿Debemos dejar de tomar antibióticos? La respuesta es no, pero debemos ser responsables en su uso. La principal medida -y la más obvia- es no automedicarse: sólo debes tomar antibióticos con la frecuencia indicada por un médico y completar el tratamiento aunque se note mejoría. La segunda medida, no por ello menos importante, es lavarse bien las manos para evitar contraer infecciones y así no consumir tantos antibióticos.

Con estas simples medidas podemos evitar que sigan apareciendo bacterias resistentes. ¡No cuesta tanto!

Marisol Benítez Cantos

 

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