Viñetas HdC: VIH



La historia del cómic empezó una noche de sexo loca, dónde el condón parecía no hacer falta. Esa noche, sin que nadie se diera cuenta, el virus del VIH había entrado en su cuerpo y estaba usando sus propias células para crear miles de réplicas y así ir avanzando en su invasión. Pero el avance del VIH no era en vano, en el camino, todas esas células que le habían ayudado a crear más clones, morían en el camino. Y estas no eran unas células cualesquiera, sino las CD4: las organizadoras del sistema inmunitario, que ahora mismo se encontraba muy debilitado.

Sin embargo, al día siguiente no había nada que le hiciera pensar que en su interior había empezado una invasión, y así siguió las siguientes semanas. No fue hasta al cabo de casi dos meses cuando, lo que parecía un resfriado, no quería curase. “Paracetamol y mucha agua” le había recomendado el médico, pero no funcionaba. Al hacerle más pruebas, vieron que su sistema inmunitario estaba debilitado y, en ese momento, recordó la noche de sexo loca sin condón. “¿será eso?”, pensó. Entonces empezaron las pruebas del VIH. El primer test rápido dio positivo, la confirmación también dio positiva. Era oficial: tenía el virus del VIH.

No había tiempo que perder, había que empezar el tratamiento con antirretrovirales para impedir que el virus siguiera avanzando. A las pocas semanas, los síntomas habían desaparecido y, por dentro, el sistema inmunitario se estaba recuperando. El virus no había matado más células y se estaban remplazando las que habían caído en la batalla. Sólo quedaba un pequeño grupito de células en las que el virus se había quedado dormido en su interior, pero ni ellas lo sabían.

Ni el tratamiento con antirretrovirales ni los pocos virus que le quedaban dormidos le afectaban. Siguió su vida, feliz, hasta llegó a tener dos hijos preciosos y sanos. Y es que gracias a los medicamentos ya no se podía detectar su virus en la sangre, con lo cual tampoco podría transmitirlo.

Carla Serra

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