Anestesia: el sueño del que todos queremos despertar

Maria Martinez Luna

Médicos administrando 15-35 mg/kg/min de Ketamina para anestesiar al paciente durante la operación quirúrgica.

Médicos administrando 15-35 mg/kg/min de Ketamina para anestesiar al paciente durante la operación quirúrgica.

La habitación está fría, se respira un ambiente tenso y un gélido sudor recorre toda mi espalda. Mientras me preparan, escucho a los médicos hablar sobre el tiempo, al mismo tiempo que se me acelera el corazón y la incertidumbre crece en mí.

Me dejan sola junto con un señor que me empieza a conectar cables y a preguntar cosas. Unos minutos más tarde comienzan a entrar más y más señores vestidos de verde, y es cuando, el que me había estado preguntando, empieza a abrir clavijas extrañas al mismo tiempo que me pone una mascarilla: sí, me están anestesiando.

En este momento no sé si sigo algo consciente o si ya me encuentro en un mundo onírico al que me ha llevado Morfeo en sus brazos; el caso es que ya no escucho el agitar de los aparatos que estaban manejando estos señores antes de que me pusieran aquella mascarilla extraña.

En el día a día son muchas las personas que se enfrentan a una operación y, por tanto, son muchas las que están siendo anestesiadas ahora mismo mientras estás leyendo este artículo.

El dolor y la enfermedad nos acompañan a lo largo de toda la historia de la humanidad. Ya en los tiempos de Hipócrates y Galeno se dieron los primeros pasos en la lucha contra el dolor usando esponjas hipnóticas que consistían en combinar plantas psicoactivas como la mandrágora, el beleño y el opio. Estas sustancias se emplearon como anestésicas ya en la época anterior a Cristo y parece ser que al mismo Cristo se le ofreció marihuana en la cruz. En el siglo XIII, el fraile Teodorico de Lucca empleaba esponjas empapadas en una mezcla de opio, beleño y jugo de hojas de mandrágora en la nariz del paciente para dormirlo antes de iniciar el procedimiento quirúrgico. Pero todos estos métodos comenzaron a caer en desuso a partir del siglo XV debido a la Inquisición, que persiguió a todas las personas que ejercieran la brujería, la magia negra o rindieran culto al diablo.

Bien es cierto que había otros métodos para dormir a los pacientes pero estos digamos que eran algo menos elegantes. Por ejemplo, apretar el cuello del paciente hasta que este perdiera el sentido (un método muy usado en Italia hasta el siglo XVII). También se recurrió a golpear al paciente en la cabeza con un trozo de madera (la concusión cerebral está producida por una sacudida violenta en el cerebro a diferencia de la conmoción cerebral que se produce por una lesión cerebral en la cual se da como resultado la interrupción de la función cerebral normal). O a la compresión de raíces nerviosas (técnica muy utilizada, para las amputaciones, por el cirujano inglés del siglo XVIII John Hunter).

Pero realmente la historia de la anestesia como ciencia se inició con los avances de la química, destacando el aislamiento del primer alcaloide, la morfina, a partir del opio en 1806 y, sobretodo, con el descubrimiento de algunos gases. Es en 1844 cuando un dentista de Connecticut llamado Horace Wells mientras observaba la exhibición de los efectos del gas festivo (óxido nitroso) sobre los vecinos realizada por un feriante, vio que uno de los hombres que había inhalado el gas y se había herido previamente no sentía ningún dolor. Para comprobar si el gas funcionaba Wells lo inhaló y se dejó extraer un diente y efectivamente no sintió dolor alguno. Asombrado por su hallazgo publicó el caso pero su demostración no tuvo éxito ni mayor repercusión, se quedó todo en una anécdota. No fue hasta 1846 cuando se empleó el éter sulfúrico rectificado, ya que se pensaba que el éter también producía anestesia, durante la disección de un tumor cervical, dejando a todos los presentes asombrados. Había nacido la anestesia moderna.

La anestesia consiste en el suministro de un medicamento para evitar que la persona sienta dolor. Hay tres formas principales de anestesia: la local, que consiste en insensibilizar la parte del cuerpo que se tiene que operar para que la persona no sienta ningún dolor; la regional, que anestesia un área mayor, y por último la general, que se utiliza para sumir temporalmente al paciente en un sueño profundo de tal manera que no sienta dolor durante todo el proceso. En este último caso, y a diferencia de los otros que hemos citado, la persona no es consciente de lo que está sucediendo a su alrededor. Dentro de la anestesia regional tenemos dos variantes: la epidural, que se suele usar para que las mujeres no sientan dolor durante el parto y la raquídea, que se administra directamente en la cavidad a través de la cual pasa la médula espinal.

Algunos fármacos empleados en la anestesia quirúrgica son el Droperidol, Tiopental, Propofol y Etomidato.

Algunos fármacos empleados en la anestesia quirúrgica son el Droperidol, Tiopental, Propofol y Etomidato.

El mecanismo de acción de la anestesia consiste en bloquear temporalmente las señales nerviosas que le están llegando al cerebro a través de la médula espinal, de tal manera que la persona no siente dolor. En el caso concreto de la anestesia general, el centro del cerebro donde se controla todo lo relacionado con el dolor se cierra, así que el cuerpo no reconoce ninguna señal de este tipo.

Cuando ha terminado todo el proceso operatorio se procede a despertar a la persona de este profundo sueño al que ha sido inducida. Normalmente no pasa nada: el paciente se despierta y se recupera. Aunque no podemos olvidar que todo fármaco puede causar algún efecto secundario, como náuseas y vómitos, dolor de cabeza (lo suelen provocar las anestesias epidural y espinal debido a que se pierde líquido cefalorraquídeo, que es el líquido que hace que la médula espinal esté “flotando” para así evitar que se dañe), confusión mental, que suele ser frecuente en personas de cierta edad y es temporal; o paro cardíaco, que se debe a causas múltiples y puede dañar el cerebro si no se restaura el aporte de sangre en un corto periodo de tiempo.

Si la situación de la confusión mental se agrava, estaríamos frente a lo que se llama una disfunción cognitiva postoperatoria, que suele afectar más a gente a partir de los 60 años debido a que la anestesia no actúa de igual forma en el cerebro y sistema nervioso con el paso del tiempo. Razón por la cual a una persona mayor normalmente se le administre la mitad de la dosis que se le pondría a una joven. Cuando se produce esta alteración de la consciencia y del pensamiento, los pacientes no saben por qué están en el hospital, tienen problemas para responder preguntas y hablan utilizando frases sin sentido. Por lo general, este estado de desorientación desaparece después de unas horas o días, pero los déficits cognitivos permanecen.

No se sabe muy bien el por qué de estas alteraciones. Se está investigando si, además de la enfermedad y el proceso al que te sometes cuando te operan, puede que influyan otros factores, como el ruido, el estrés de la unidad de cuidados intensivos (UCI), o los fármacos hipnóticos que se emplean y que son derivados del curare, la primera sustancia paralizante que se empleó como anestesia y que se descubrió gracias a los cazadores indios que la usaban para detener a sus presas o el simple hecho de estar en el hospital.

¡Nicol, Nicol, Nicol! ¿Qué me está pasando? ¿Me llaman a mí o sigo soñando? Y si me llaman, ¿quién lo hace?
Poco a poco fui abriendo los ojos y fue cuando lo vi, ¡era el señor que me había conectado todos aquellos cables antes de quedarme dormida!

Me empezaron a preguntar muchas cosas pero me sentía un poco desorientada y me dolía mucho la cabeza. Me dijeron que era algo normal pero volví a quedarme profundamente dormida mientras Morfeo me sujetaba con sus firmes brazos.

María Martínez Luna

Esta entrada participa en la LIX Edición del Carnaval de Química, acogido en esta web.carnaval quimica

4 Comentarios
  • Sara
    Publicado el 23:18h, 22 julio Responder

    Felicidades por tu artículo. 🙂
    No hace mucho que sigo el blog, pero me gusta el mundo de la divulgación bastante, incluso demasiado, y me gusta tu forma de plantearlo. Además, tratar sin tabúes que la anestesia puede tener complicaciones me parece muy necesario; demasiado he escuchado eso de: «a mí mejor que me duerman entero y que no me entere de nada».
    Quiero pensar que conseguimos transmitir algo más que esa sensación «fría y calculadora» en los quirófanos, pero creo que hemos perdido un poco de fuerza en ese sentido.
    Para finalizar, ¡me encantan los dibujitos! 😀
    Un saludo.

    • María Martínez Luna
      Publicado el 14:21h, 26 julio Responder

      Hola Sara,
      Muchas gracias por tus palabras y por comentar.
      Me alegra que te haya gustado el artículo y los dibujos jeje.
      Un fuerte saludo.

  • Jossie
    Publicado el 17:33h, 24 septiembre Responder

    Muy buen articulo!!! Util. Las personas necesitan conocer informacion científica en palabras entendibles.

    • María Martínez Luna
      Publicado el 11:46h, 25 septiembre Responder

      Hola Jossie, me alegro que te haya gustado y gracias por las palabras que me dices. En la divulgación científica se persigue llegar a todo el mundo y con lo que me dices me alegra que lo haya conseguido.
      Un saludo,
      María

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