Vacas y humanos. O de por qué necesitamos a Darwin en las humanidades

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El episodio más surrealista de mi vida de estudiante ocurrió ya hace unos años. Un distinguido profesor, que mantendremos en el anonimato como gesto de cortesía, sacó en clase el tema del darwinismo. Naturalmente, la asignatura no tenía nada que ver con aquello. Así que de forma automática, mis orejas se irguieron como las de una gacela Thompson y mostré el máximo interés en lo que el señor iba a decir, ya que el asunto en cuestión me era (y es) muy querido. Pero lo que comentó el señor fue más o menos lo siguiente: que lo que proclamara el darwinismo le daba igual pues él, literalmente, no tenía nada que ver con una vaca ni con un mono.  Que el ser humano era algo misterioso y sagrado, que estaba al margen de todo eso. Y ya está. Lo curioso del asunto, a mi entender, es que esta visión de nuestra especie no brota de una postura religiosa, sino de una (en teoría) abiertamente secular, sin dioses.  ¿Cómo es posible que un filósofo secular y ateo reniegue de la teoría de la evolución y de sus consecuencias? ¿Por qué ese desprecio hacia uno de los pilares de la biología contemporánea?

Después de años pasando por diversos profesores y una miríada de asignaturas, he comprobado que en el ámbito académico filosófico todo es posible. Algunas asignaturas negaban la existencia o la relevancia de otras, en una suerte de competencia gremial.  Mencionar ciertas palabras o autores era tabú. Por ejemplo, hablar sobre la sociobiología de E. O. Wilson a un profesor de ética es como mencionarle al diablo. Y todo porque Wilson había recomendado a los biológos estudiar las bases de la moral humana. A veces no hay respuestas argumentadas, sino reacciones puramente emocionales. «Ese autor no es relevante». «No es profundo». «No es filosofía». «Sus ideas son como las de Hitler». ¿No es la filosofía la labor crítica de construir o desmontar cosmovisiones, de comprender de manera global nuestro lugar en el cosmos? Realmente, es interesante encontrar en el supuesto Elíseo del pensamiento crítico (la facultad de filosofía) tanto sectarismo. Lo que quedó claro es que los filósofos no escapan a sus sesgos cognitivos mejor que nadie. De hecho, la visión que tengo de cuatro años de carrera es que la mayoría del profesorado vende un producto (su doctrina filosófica). Así, el conjunto de la carrera es similar a un mercadillo de ruidosos vendedores, que quieren atraer al personal para ofertarle alguna baratija metafísica. Mi evaluación es que hay tres maneras de salir de una facultad de filosofía: totalmente cínico, totalmente dogmático, o exactamente igual que has entrado. 

En cualquier caso, lo que más deja a uno perplejo es que muchos filósofos pontifiquen sobre lo humano y lo divino (en algunos casos, literalmente) sin tener en cuenta de qué está hecho el mundo y, por extensión, ellos mismos. El ácido corrosivo del darwinismo, que coloca al hombre en el conjunto de los seres vivos, todavía no ha penetrado en el mágico reino de la filosofía. Hablan sobre la moral sin tener en cuenta lo básico en etología, como el altruismo de parentesco y el altruismo recíproco, o la influencia del sistema límbico en nuestras decisiones morales, que siempre involucran a las emociones. La psicología evolucionista es anatema (y mejor no hablemos de la genética del comportamiento). Disertan sobre la libertad y el libre albedrío sin poner sobre la mesa los datos de la neurociencia, el experimento de Libet, las leyes físico-químicas a las que estamos sujetos como parte de este universo. Exponen una supuesta estructura metafísica de la realidad sin pensar en las leyes físicas realmente existentes. Si se habla de la realidad sin tener como referencia a la propia realidad, ¿qué interés pueden tener esas palabras que hablan sobre otras palabras? ¿Qué relevancia presente tiene una ética o una filosofía política que se fundamenta en un vacío biológico? Además de ello, buena parte de los filósofos se dedican a hacer arqueología del pensamiento, buscando qué es lo que quería decir tal o cual pensador en tal línea de tal párrafo. Esta manía por la autorreferencia y el citar constantemente a los colegas, a mi juicio, fosiliza el papel de la filosofía, que podría ser de gran interés dedicado a la disección de los problemas de la actualidad. ¿Tenían razón Stephen Hawking, Weinberg y Rorty al subrayar que la filosofía ha muerto? No lo sé.  Quizá estoy exponiendo un diagnóstico muy pesimista y sesgado de la filosofía académica, pero es la impresión general con la que me quedo. Hay notables excepciones, como siempre. Pero por desgracia, como dijo Spinoza, todo lo valioso es tan difícil como raro.

Paulo Hernández

6 Comentarios
  • Oscar
    Publicado el 11:25h, 24 marzo Responder

    Muy buenas Paulo. Una crítica mas que adecuada sobre el pensamiento filosófico. Creo que si algo se puede esperar de una rama del conocimiento que planteas dudas y cosas sobre el propio conocimiento es una buena autocrítica que pocas veces he podido leer. Pero me gustaría leer mas sobre este tema profundizando en la filosofía de base biológica, esa que que entiende la cosmovisión del hombre como animal de etología modulada por la cultura.
    Espero que no lo dejes aquí y las humanidades se abran paso en la divulgación científica.

  • ununcuadio
    Publicado el 13:14h, 24 marzo Responder

    A mí me ha gustado también mucho el artículo: sigo esperando a que los filósofos filosofen teniendo en cuenta los últimos datos científicos. Quizá sería la manera de que los científicos aprendiéramos filosofía 🙂 y camináramos hacia una tercera cultura de verdad 🙂
    (Por cierto que está vigente un Carnaval de Humanidades, que igual te interesa participar: http://icaraideas.blogspot.com.es/2014/03/x-edicion-del-carnaval-de-humanidades.html

  • Pingback:Vacas y humanos. O de por qué necesitamos a Darwin en las humanidades
    Publicado el 13:03h, 30 marzo Responder

    […] Vacas y humanos. O de por qué necesitamos a Darwin en las humanidades […]

  • Pau
    Publicado el 14:51h, 30 marzo Responder

    No es que la filosofía haya muerto, es que con el método científico ya no tiene razón de ser. La filosofía es habladuría sin fundamento sobre aquello a lo que todavía no ha conseguido llegar la ciencia, y cuando por fin llega la filosofía se ve obligada a emigrar. Es algo sin utilidad para petulantes que desean sentirse inteligentes sin necesidad de entender la ciencia.

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    Publicado el 23:58h, 11 abril Responder

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